De inmediato rompimos con el traje interior en mil pedazos, el cara de hombre-mujer ya no tenia vergüenza de su situación, caminaba. Quebramos el montaje con risas que no sabíamos manejar, volvíamos a hacerlo sin contención y robábamos justo en todos los supermercados. No teníamos que tomar en las manos, caminábamos nuevamente en la ciudad buscando el transporte, movamos un solo pie, el otro es desde ahora minusválido. Entonces encontramos la forma que mejor acomodaba a las direcciones que nos ofrecían, que nos imponían. Acabó la represión, nuestros cuerpos discapacitados no eran redimibles y no sosteníamos ya nada en nuestras manos.
miércoles, 28 de enero de 2009
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sorpresa.!
ResponderEliminarcharán!
las tienes todas todas!
te leeré antes de dormir.!
abrazos.!
t leo, pa enterderte un poko y más,éxito.
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